domingo, 12 de febrero de 2012

CHAO, GABRIEL


Miguel Camacho Castaño
Músico, crítico y realizador radiofónico
Semana, HJCK y Javeriana Estéreo
Bogotá, Colombia

Parecería sencillo alimentar el perfil de un hombre como Gabriel Rondón, que dejó en la memoria de su público la imagen inconfundible del guitarrista de sombrero que, casi siempre silencioso, se sentó frente a su atril para que la elocuencia brotara de las cuerdas de su guitarra.

“Si tú supieras mi sufrimiento,
si te contara la pena tan grande
que llevo tan dentro…”

Parecería sencillo alimentar el perfil de un hombre como Gabriel Rondón, que dejó en la memoria de su público la imagen inconfundible del guitarrista de sombrero que, casi siempre silencioso, se sentó frente a su atril para que la elocuencia brotara de las cuerdas de su guitarra.

Contraria a la idea de que se pudiera tratar de un ser taciturno y tímido, recuerdo a Gabriel con la capacidad generosa de abrirle los brazos a la amistad, no sabré nunca si alguna vez se arrepintió de ello, pero la verdad es que sobre este hombre, que sus más cercanos colegas llamaron cariñosamente “el viejo”, jamás oí un comentario negativo. Mereció con Joe Madrid, con Armando Manrique, con Javier Aguilera y seguramente con unos pocos más la patria potestad del jazz en Bogotá, asunto que refuerza el carácter cosmopolita de su personalidad musical, comoquiera que había nacido en Medellín, se sentía barranquillero y moldeó su talento en los escenarios y las calles de esa misma California que vio nacer a Cal Tjader y a Dave Brubeck; caminó de la mano de Benny Velarde y Francisco Aguabella y estaba ahí cuando Carlos y Jorge Santana tañían sus guitarras para la creación del rock latino que hizo su erupción definitiva en Woodstock y que, como su padre directo, el rock and roll, llegó también para quedarse.

Trajo Gabriel a Colombia un precioso exceso de equipaje musical que alcanzó para la formación de su propia generación de músicos y de todas las que siguieron hasta hoy. Trato de hacer memoria buscando siquiera uno solo de los músicos colombianos de jazz que no haya tocado… o hablado, o consultado a Gabriel Rondón, y la verdad es que no aparece; algunos de los que he conocido recientemente, como Andrés Correa, tienen su propia historia con él, su recuerdo, su respuesta, su referencia directa.

Me remonto a “Doña Bárbara” y se me nubla la mirada con la nostalgia húmeda que produce recordarlo con los ojos cerrados, con el tronco hacia atrás y con una prodigiosa digitación coordinada con el scat aprendido de Armstrong, que probaba con creces a la audiencia que lo que hacía George Benson en Norteamérica no era un milagro

En “La Pola”, junto con su hermano; con Gabriel Cuéllar, y con Jaime Córdoba, compañero de lides musicales y empresariales, se gozó un repertorio latino que para muchos de nosotros encontraba su clímax en la versión que arregló del bolero “Si te contara”, el mismo que ha volado para fortuna del repertorio latinoamericano en las alas de los más talentosos.

Al Teatro Colsubsidio llegó con un proyecto progresivo y arriesgado que nombró “Bitches Brew” en homenaje a Miles; fue un gran concierto al lado del pianista norteamericano Douglas Mapp, hoy catedrático de Morgan University y quien acaso aún no se haya enterado de la inmortalidad del amigo.

Fue el referente fundamental de Pacheco en la edición original del programa Compre la Orquesta cuando le encajó el apodo del “sombrerón” a su arreglista de cabecera, quien había independizado el papel de los instrumentos para la realización eficaz del concurso.

Tuve la suerte y la fortuna de presentarlo en la sala Los Acevedo del Museo de Arte Moderno (tal vez nuestra primera aproximación directa) y luego en el Teatro Libre de Bogotá dirigiendo la Big Band como el más autorizado frente a, más que sus colegas, sus amigos en el jazz y además en homenaje al verdadero catedrático del género en Colombia, el doctor Roberto Rodríguez Silva.

Compartimos muchos su alegría cuando pudo hacer realidad el proyecto “Orekagua” que, quién lo creyera, se iba a convertir en su canto de cisne y que, como tal, lo retrata en la plenitud de un talento suficiente para el dominio de las distintas músicas de Colombia.

Es prácticamente imposible tratar de independizar los recuerdos; su ejercicio musical en el escenario se va agolpando en la memoria y va siendo reemplazado por uno más reciente… por uno más antiguo… por la imagen y el sonido de un solo inolvidable, incluso por la fotografía mental de la expresión de su rostro en el cuidado meticuloso con que acompañaba cada una de sus notas.

A pesar de haber contado con su presencia y su talento haciendo parte del grupo dirigido por Carlos Zagarra en una de las sesiones de la Fundación Santillana, voy a quedarme con ese atardecer del año 2005 cuando a solas sobre el escenario, con María Rivas, inauguró una noche histórica en la interpretación inolvidable del Summertime de Gershwin.

Chao Gabriel… no quiero decirlo de otra forma.



Enlace a



Gabriel Rondón



Fuente:

Revista Semana
Edición Digital
Blog de Miguel Camacho Castaño
Publicado viernes 10 de febrero de 2012
Bogotá, Colombia


domingo, 29 de enero de 2012

ANALISIS - Y, ¿LA SALSA BOGOTANA QUE?




Jaime Rodríguez
Músico, fundador y director La Conmoción
Programador Javeriana Estéreo
Miembro Salsa Global
Bogotá, Colombia

Corría la segunda mitad del año 2006 y en Bogotá ocurrió un hecho poco usual dentro de la escena salsera capitalina, cerca de una docena de orquestas locales se presentaron en el teatro de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño durante varios domingos, en algo que se denominó “Las galas salseras” y que lograron convocar a un buen número de público fuera de los bares, el natural escenario de esta música.

Por aquellos tiempos también empezaron a aparecer en diversos medios escritos, artículos en los que se hacía mención al fenomeno de las orquestas bogotanas, llegando algunos a afirmar que Bogotá se estaba convirtiendo en la nueva capital salsera, despojando de este título a Cali. Esto debido a que en “La Sucursal del cielo”, no parecían surgir nuevas propuestas musicales, distintas a Niche, Guayacán y Son de Cali- paradójicamente las dos primeras, nacidas en Bogotá.

Todo este revuelo tuvo su punta de lanza en la indiscutible consolidación de La 33 en el escenario salsero mundial, ya que esta orquesta nacida en las entrañas mismas del muy cachaco barrio Teusaquillo, alcanzó un éxito inusitado tras su primera grabación y logró salir del escenario de los bares capitalinos a las tarimas internacionales, convirtiéndose en todo un fenómeno tanto por su estilo musical, como en la forma en que fue consolidándose a nivel empresarial.

A estos hechos habría que añadir además la aparición de los blogs salseros, que por aquel tiempo surgieron sin un fin lucrativo, sino por el simple gusto de sus creadores, por difundir esto que estaba sucediendo y que para muchos salómanos era ya algo digno de narrarse. Cada fin de semana en Bogotá se presentaban en muy diversos escenarios,  algunas de las orquestas locales como la Real Charanga, Conmoción Orquesta, Salsamonte o el Sexteto Latino Moderno y en estas páginas se reseñaban estas presentaciones, se hablaba de los bares dedicados a la salsa y por supuesto también se hacía referencia al mundo de los bailarines. La radio también se involucró y además de las emisoras culturales, que históricamente han sido el único canal de fácil acceso para la música independiente, emisoras comerciales incluyeron dentro de su programación, algunos temas de esta joven salsa capitalina.







Todo el revuelo anterior tenía una motivación central, que es además la motivación de este escrito  y es el asunto de las orquestas bogotanas. Indudablemente la capital colombiana desde tiempos pasados había generado agrupaciones salseras, aparte de las ya mencionadas Niche y Guayacán. Recordamos a otras de menos renombre pero que lograron dejar huella como Washington y sus Latinos, Grupo Changó, Camagüey y Mamboré, casi todas lideradas e integradas por músicos provenientes de diversos rincones del país. Pero es a partir de la primera década del siglo XXI cuando  agrupaciones en las que los protagonistas son en su mayoria músicos bogotanos empiezan a irrumpir a en el ambiente.

Una primera oleada de agrupaciones fue integrada  entre otras por La 33, La Real Charanga, Conmoción Orquesta, La Banda y Calambuco, luego vino una segunda generación dentro de las que podríamos mencionar a Kimbawe, Salsamonte, La Bronx, y el Sexteto Latino Moderno. Hay que tener en cuenta también a orquestas como Yorubá y Kongas, que habían surgido en los 90 y que fue hasta la nueva década cuando iniciaron su carrera discográfica y a La Mambo Big Band y Palo pa’ Rumba, lideradas por músicos experimentados pero nacidas durante la primera década del siglo XXI.

Algunas de estas agrupaciones hicieron presencia en la mismísima “Capital Mundial de la salsa” y fue en junio de 2006 en el marco del Festival Salsa y Verano, cuando actuaron en Cali en un lapso de apenas 2 días la Bronx, la Real Charanga, la Conmoción y La 33, un hecho sin precendentes en la historia de la salsa capitalina y que parecía augurar un futuro enorme para las agrupaciones del altiplano. Artículos de prensa y páginas web daban cuenta de lo que parecía crecer día a día y muchos estudiantes universitarios dedicaron monografías, tesis e investigaciones a tratar de analizar el “Fenómeno de la salsa bogotana”. Así mismo además de Las giras mundiales de La 33, hubo incursiones internacionales por parte de Calambuco, Conmoción y el Sexteto Latino Moderno.







Desafortunadamente hoy mas de 5 años después, el panorama ha cambiado sustancialmente, son cada vez menos las producciones discográficas que se publican en Bogotá por parte de las orquestas salseras y aunque de 2004 para acá han aparecido casi 20 álbumes, en el año que acaba de cerrarse solamente se tuvo noticia del debur discográfico de Azul Trabuco. Por otra parte la presencia de orquestas bogotanas en escenarios de otras ciudades se redujo considerablemente y es solamente La 33 la que mantiene una constante actividad tanto dentro como fuera del pais. Habría que mencionar dentro de lo destacable de 2011, la presencia de la Conmoción en la ciudad brasileña de Niteroi como algo histórico, ya que es la primera orquesta de Bogotá que actua en el Brasil.

Paradójicamente cada vez aparecen nuevas orquestas y hoy en día podemos hablar de una nueva generación de agrupaciones bogotanas dentro de las que podemos mencionar a La Charanga Cósmica, Enclave Latino, La Q’ Manda, En Clave 80, Coco Blue, Ekuajey y Barakutanga. Ya varias de ellas han grabado sencillos y se mantienen en actividad de una forma relativamente constante en los sitios nocturnos, pero esto no ha impedido que día tras día la salsa hecha en la capital haya dejado de ser noticia, que cada vez sean menos los espacios para interpretarla, que en las emisoras comerciales ya no suene, que iniciativas como los “Jueves de salsa en vivo”, propuestos en diversos momentos por diversos estableciemientos nocturnos, no hayan logrado mantenerse y que las condiciones económicas para las orquestas sean cada vez menos favorables.

Esto no quiere decir que Bogotá haya dejado de ser salsera, pues artistas internacionales como Cano Estremera, Luisito Carrión, Bobby Valentín, Roberto Roena o Rubén Blades la han visitado en tiempos recientes. Así mismo los sitios tradicionales como Salomé Pagana, Quiebracanto, Galería Café Libo y Salsa Camará llevan ya varios lustros de actividad sorteando dificultades y en el sur otro tipo de establecimientos toman auge, aunque allí se  impulsa más la presencia de “excantantes”, que actúan con pista, que la de orquestas locales. El Festival Salsa al Parque llegó a su edición número 14 y paradójicamente es hoy en día cuando más presencia tienen las orquestas jovenes. Los bailarines por su parte se mantienen en constante actividad e incluso las representanciones bogotanas han alcanzado importantes figuraciones en concursos internacionales y por último hay también una nueva generación de blogs y páginas, aunque en ellos ya poca referencia se hace a las orquestas locales y es la salsa romántica proveniente de otras ciudades la que ocupa el lugar de privilegio. Excepción hay que hacer de nuestracosabogotana, un blog creado por el escritor e investigador Fernando España, y de salsabogota de Ricardo Ochoa,  el pionero de estos blogs, que al parecer son hoy en día el único canal virtual escrito que dedica espacio a la salsa de la capital.

¿Cuál será entonces el camino que deberán tomar las orquestas bogotanas para lograr consolidar un movimiento fuerte?.  ¿Cómo lograr que el público bogotano sienta como propias estas orquestas?, ¿Cómo hacer viable económicamente la actividad de las orquestas y lograr mejores condiciones para los músicos que las integran? ¿O será que el movimiento salsero bogotano fue una simple ilusión, que únicamente tuvo fuerza para lograr el repunte de una orquesta?. Quedan planteados estos interrogantes con la idea de abrir el debate, conocer opiniones, posiciones y estimular la búsqueda de posibles soluciones.




domingo, 15 de enero de 2012

ANALISIS - 2011, ¿AÑO DE UNA NUEVA SALSA COLOMBIANA?



Salsa Global
Sala de Redacción
Bogotá, Colombia
 La Nueva Salsa Colombiana
supera a la puertorriqueña...


Ángel Quintero
Agosto 2011

Entre el murmullo ya se escucha hablar del surgimiento de la Nueva Salsa Caleña, así como hace un lustro se conversaba sobre el movimiento de orquestas bogotanas, un auge peregrino que encendió las alertas en la Capital Mundial de la Salsa, sin tener Cali como responder en el momento con algo generacional "que valiera la pena". Cosa que si hizo sin aspavientos Medellín -siempre al margen de los debates salseros localistas y/o regionalistas- con la exposición de bandas conformadas por músicos de una nueva generación como la capitalina de mitad de la década anterior o la actual caleña de comienzo del presente decenio.

Todo ese preámbulo para enunciar qué, de un tiempo a hoy, germina una salsa colombiana "diferente" a la producida por sus pioneros, precursores y predecesores -leáse: Michi Sarmiento, Peregoyo, Fruko, Joe Madrid, Jairo Varela, Alexís Lozano. Joe Arroyo y otros-. Una salsa distinta también hasta en la manera de producirse y promocionarse. Una salsa renovada que en 2011 se dejó escuchar con mayor poder en emisoras digitales, blogs independientes y redes como Facebook, Reverbnation, Mayspace y You Tube. Una salsa con “un golpe distinto y diferente" al programado por la radio comercial o promocionado por la gran prensa y la televisión, medios siempre controlados por la “Vieja Industria” y expuestos a la desinformación, el desconocimiento, la desactualización, los intereses comerciales, los prejuicios y el miedo.

En la presente selección, aleatoria pese al número ordinal, se han escogido temas y agrupaciones significativos y significantes de una sonoridad contemporánea originada en la salsa clásica yuxtapuesta con ingredientes de salsa contemporánea, timba cubana, funk, rock, hip hop y los folclores de las costas colombianas combinados, mezclados o fusionados, de acuerdo al concepto estético y diseño sonoro de cada grupo musical o, en su defecto, al propuesto por sus líderes.

En absoluto, en ningún momento todos los cortes son de 2011, pero se han nominado por significar algo o, quizá, por la relevancia de la banda misma. Cabe advertir que no todas las elegidas son salseras cien por ciento. Además, no todas están fundadas en el reciente pasado. Es una elección, en nada homogénea, pero que a nuestro criterio posibilita la observancia de un fenómeno sonoro moderno y su debida contextualización. Un fenómeno musical, minoritario por ahora, que influirá con certeza sobre el baile de los fans y tendrá sus efectos en el mediano plazo, si es que ya no está afectando a las mismas comunidades que las han generado.

Aquí la muestra:


1. CALIBRE ORQUESTA:

La primera elegida es Calibre Orquesta, una agrupación caleña formada en 2006 por Froyber Maya, quién ha contado con el apoyo de los “discjockeys” de salsotecas alternativas, programadores de emisoras virtuales y culturales y blogueros independientes como los aglutinados bajo el techo SalsaRed. Desde 2009, Calibre cuenta en el “staf” con Alex Estela, un músico que generaría esa sonoridad de actualidad, un swing que evoca a la timba cubana y al Grupo Guaco, que posibilita incluirlo en este compilado. El tema Pa´ Los Muchachos es más que diciente.






ComScore


2. CALI CHARANGA:

De la Nueva Salsa Caleña, La Cali Charanga es la agrupación más antigua. Fundada en 1986 fue durante algo más de dos décadas una charanga de sonido tradicional hasta que hace un par de años, Julián Gil, hijo del fundador decidió renovar la nómina con el objeto de elaborar un sonido más contemporáneo influenciado por los avatares de la timba cubana.






ComScore


3. TOÑO BARRIO:

Del movimiento caleño Toño Barrio es la agrupación con el “groove” más “hipster”. Creada en 2006, la Toño se gestó sobre las sonoridades frescas de bandas de sonido “vanguardístico” como el Grupo Guaco de Venezuela al que le agregaban una aptitud rockera, un golpe funkeado y acentos del afropacífico. Actualmente tiene a Bogotá como su centro de ensayos, presentaciones, circulación y promoción. Interesante propuesta.







4. NG LEBRON:

Es otra agrupación de la Nueva Salsa Caleña, pero la única con un legado neoyorquino y neoyorricano de raíz. El nombre Lebrón no es en vano, cuatro de los integrantes son descendientes directos de los músicos fundadores de los legendarios Lebrón Brothers, acumulado histórico que la banda preserva durante sus presentaciones y grabaciones y que enriquece con lo moderno y actual de las nuevas propuestas. Ng Lebrón sabe a Cali York pero su norte es otro.






5. JIMMY SAA:

Después de prestar sus servicios como percusionista al Grupo Niche, en 2003 Jimmy Saa se lanzó como solista presentando su primer trabajo discográfico donde combinaba la llamaba salsa de "marea" con tintes románticos y sociales con el folclore del pacífico que mostraba el derrotero que desarrollaría. Saa, nacido en Buenaventura pero asentado en Cali, es un cantante con carisma que ya está modelando un lugar en la historia de la música bailable colombiana, aunque cierto sentimentalismo baladí de su obra atenta para el disfrute pleno de un cocido que podría ser más interesante aún.






ComScore


6. INTEGRACION CASANOVA:

La agrupación, o grupo caleño, del chocoano Yeisón Ibarguen fue la sensación de fin de año en el suroccidente colombiano, gracias a La Tusa, una pieza sencilla, minimalista si se quiere, un tumbaito sabroso y de contenidos jocosos con sarcasmo social, que a los salseros de corte moderno -especialmente a los consumidores de timba- atrajo con gusto. La Tusa es un tema alegre difícil de catalogar ya que combina capas de reguetón, salsa choke, salsatón, timba y afropacifico. En el fondo quisiera escucharse una marimba de chonta, que por cierto se insinúa con gracia.






ComScore


7. BARAKUTANGA ORQUESTA:

Barakutanga es una agrupación bogotana fundada en 2010 por Jorge Garzón, un enamorado de la modernidad rítmica cubana tanto que su banda podría ser la primera orquesta criolla en usar los parámetros del songo a cabalidad, consecuencia de su experiencia con grupos de tipología semejante en el Perú y la presencia de personal cubano en la conformación. Se espera que en tarima supere las expectativas de esta reseña.






ComScore


9. LA REPUBLICA:

La República es una banda que surgió en 2002 -en Medellín- del encuentro de músicos provenientes de agrupaciones de salsa y jazz latino, que pronto entendieron del talento de Juan Diego Valencia, quienes en labor cooperativa han generado una propuesta extraordinaria que fusiona con atrevimiento y sin riesgo alguno a la salsa con el merengue, la chirimía, la cumbia, el porro, la timba cubana, el jazz latino, el funk y el rock. La República es parte de una organización artística que trabaja sin complejo alguno y con ingredientes a millón de irreverencia, independencia y creatividad.






ComScore


9. ENCLAVE LATINO:

Enclave Latino es una agrupación bogotana fundada en 2000 por Camilo Suárez -un bajista formado en los Estados Unidos- y dirigida por Edilberto Liévano -un veterano trombonista- que ha logrado combinar la salsa y el jazz latino con dosis de esos ritmos, sonoridades y prácticas que están en el ambiente de hoy. De las bandas de esta selección digamos que es la más salsera en el sentido estricto de la palabra y el concepto. ¿Podría estar nominada en un apartado como esté La Conmoción?






ComScore


10. LA 33 ORQUESTA:

La 33 es la menos vanguardista, moderna y contemporánea de las agrupaciones nominadas, incluso es la más retro y, quizá, "la antitécnica", pero es la más famosa, la que más vende, la que mas cobra, la que más viaja, la que cuenta con mas seguidores, la que más trabaja, la que más se entrega, la más organizada, la más solicitada y es la más odiada pero es también la más querida. Todo depende del cristal por donde se mire su trayectoria y realizaciones. Es la banda colombiana más “hipster” y, quizá, del mundo, con el sonido más neoyorquino de los tiempos del boogaloo, así los nostálgicos de los sesenta caprichosos no "quieran" reconocerlo. Pese a todo, a su sonido retro, es la agrupación que abrió la brecha y es bogotana, más que colombiana.






ComScore


11. REAL ACADEMIA DEL SONIDO:

De todas las bandas mencionadas, La Real Academia del Sonido es la más iconoclasta tanto que es la única que no toca salsa, jazz latino, timba, salsatón o cosa parecida sino todo lo contrario. Es un colectivo sonoro que apoya la piratería, el libre intercambio de información y las propuestas de derechos de autor impulsadas por Creative Commons. Tuvo una intensa actividad durante las movilizaciones de los estudiantes colombianos en contra de la reforma de la Ley 30. Es una banda “hispter”, que en tan solo 5 meses, “gracias a su trabajo duro, su mensaje honesto y su calidad musical”, a su autogestión e independencia, contrariando al modelo mercantilista de la industria musical tradicional, ha logrado posicionarse en más de tres mil seguidores topados en las redes sociales, quienes han generado más de 16.000 vistas a sus dos videoclips.






ComScore


12. BARRIO 8:

Ojala el fugaz paso de Barrio 8 por la escena bogotana sólo sea eso. Ojala se pueda escuchar nuevamente, por que lo poco que grabó, de verdad, es bueno. Pareciera que la banda "cachacosteña" de Fabricio sólo se creo para dejar ese maravilloso Oye Rumbero con el que los tamboreros colombianos se asociaron a los históricos del Caribe para gestar nuevas prácticas gozosas desde la Colombia que se descubre al son de tambores, pregones y vientos.







Nota: Quedarían otras agrupaciones por incluir en este listado, como La Conmoción, La Real Charanga, Calambuco, Mambo Big Band, Sexteto Latino Moderno, Siguarajazz, Sounare, Clandeskina, Charanga La Contundencia, ... pero sobre ellas se volverá bajo una conceptualización "más tradicionalista", si se quiere.

domingo, 11 de diciembre de 2011

ANALISIS - HITOS DE LA SALSA COLOMBIANA



Fernando España
Periodista y escritor
Miembro Salsa Global
Bogotá, Colombia

Resulta difícil enunciar cual podría ser el logro mayor de la salsa colombiana, y más cuando aún no se ha realizado una investigación sobre la materia. Por lo tanto, cualquier manifestación por el momento es subjetiva. Sin embargo, se podría arriesgar nominando algunos datos sobresalientes de la salsa “Made in Colombia”:

1. Los aportes de Eddie Martínez a la salsa y al jazz latino del mundo, en particular a Fania y al sonido neoyorquino, como arreglista, compositor, director de orquesta y pianista de diferentes agrupaciones y producciones discográficas, algunas alcanzando el Grammy como el álbum The Other Road de Ray Barreto. Sus palmares son extraordinarios, en especial, su labor con músicos como Tito Puente, Mongo Santamaría, Eddie Palmieri, Gato Barbieri, y el mencionado Barreto. Aunque en verdad, con sólo The Other Road -producido en 1973- bastaría para pasar a la historia.







2. La trayectoria de Joe Madrid en grandes bandas como Mongo Santamaría -¡Ah, esa Cumbia Típica!-, Andy Harlow y, sobre todo, su lugar como pianista en Machito y su Afrocubanos, la orquesta de música afrocubana más importante de la música latina, dirigida por Mario Bauzá, el “padre del jazz latino”. Madrid, además tocó en la orquesta de Santamaría que alternó en el concierto de agosto de 1973 en el Yankee Stadium de Nueva York, que es considerado cómo el "evento" histórico que sirvió de catapulta mundial a la salsa de Nueva York, y que también contó con la participación de colombiano, Justo Almario, relevante saxofonista con una excelente hoja de vida. Madrid también fue director musical, junto a Jimmy Salcedo, de la Colombia All Star, agrupación que reunió en 1976 -en Bogotá- a algunos de los mejores músicos "salseros" colombianos del momento. Pese a su fugaz existencia, la Colombia All Stars es un hito también.

3. La participación de Nelson Pinedo en tres agrupaciones de gran calado como fueron Cortijo y su Combo, Tito Rodríguez y su Orquesta, y en especial con la Sonora Matancera, conjunto en el que dejó grabado su canto en varios temas que son clásicos de las músicas cubana, colombiana, caribeña y salsa como Me voy pa´ La Habana, El Muñeco de la ciudad, Momposina, El Ermitaño, entre otras.

4. La fundación de Fruko y sus Tesos por parte de Julio Ernesto Estrada, músico que lideró la banda que puso oficialmente a Colombia en el mapa salsero con una manera distinta de ejecutar la música cubana y la salsa neoyorquina, además de aportar innovadores tratamientos rítmicos a la música bailable como el Joeson, creación polirrítmica de Joe Arroyo, talentoso “descubrimiento” del propio Fruko. Además, es importante mencionar el buen número de éxitos que catalogó para la salsa criolla, entre los que sobresale El Preso de Álvaro Velásquez, un estándar salsero.







5. La constitución del Grupo Niche por iniciativa de un grupo de músicos afrocolombianos encabezados por Alexis Lozano y Jairo Varela, quién terminaría siendo su líder, productor, conceptualizador y un compositor de notable inspiración. Un proyecto que surgió para tocar salsa reivindicando la musicalidad de la región pacifico y el sentimiento cultural, político y social del afrodescendiente colombiano. Numerosos son sus éxitos bailables, especialmente aquellos que ha dedicado a Cali, como Cali Pachanguero –"himno" de la ciudad y "soundtrack" de la película Salsa de Boaz Davidson-, Buenaventura y Caney –todo un “manifiesto” político- y Me Sabe a Perú, dedicado a un país donde actuó ante casi un millón de espectadores, record al que podría anexarse las 1756 presentaciones en los Estados Unidos -que superan a un buen número de agrupaciones latinoamericanas en cualquier género-, de las cuales 17 se han efectuado en el Madison Square Garden de Nueva York.

6. El Joe Arroyo, por su manera de cantar, de componer, por La Rebelión, por crear el Joeson, por “incluir” la cumbia en la salsa, por su carisma, por sus portadas en la Revista Rolling Stones, por el reconocimiento mundial a su genialidad. ¡Único! Su fallecimiento, lamentado por la nación colombiana, fue honrado por Barranquilla la ciudad que le tributó unas “multitudinarias” honras fúnebres como ningún otro artista compatriota ha “gozado” en el territorio patrio.

7. Temo que es el momento de valorar la obra, triunfos y pensamiento de Yuri Buenaventura, un músico serio, responsable y consciente con reconocimiento en Europa más que en América. Sin ofender su singular personalidad podría expresar que es cómo el "Rubén Blades colombiano" consecuencia de su formación personal, compromiso étnico - cultural y contenido socio político de sus canciones. Es un músico que goza de posicionamiento entre los organizadores de festivales de salsa, jazz y "World Music" del "Viejo Continente", a los que asiste rodeado de excelentes instrumentistas e interpretes del mundo. ¿Como no recordar su adaptación de Ne me quitte pas?  Ahora, comprometido con su litoral "hasta los tuétanos" con la organización en su ciudad natal del Festival Folclórico del Pacifico, cuna regional de los pioneros Nano Rodrigo y Peregoyo, el hombre del Combo Vacana.

8. Los diez años de existencia de la orquesta La 33, una agrupación bogotana que ha demostrado que en Colombia se pueden adelantar proyectos artísticos cooperativos contrariando el individualismo reinante en el medio. Durante está década contadas transformaciones ha sufrido en su nómina, donde luego de un largo periodo -en este 2011- se registra un cambio con la salida de Cipriano Rojas y el ingreso de Miguel Guerra, quién se estrena en Marejada Feliz, el tema de Tite Curet Alonso que es surco digital de la producción Sonó Sonó… Tite Curet!, junto a Calle 13, Rubén Blades, Cheo Feliciano, Andy Montañez, Roberto Roena, Tego Calderón y no sé sabe cuantos músicos puertorriqueños y continentales de “grandes ligas”. Un honor que contados grupos colombianos han escrito en su hoja de vida. Además, a La 33 se le abona -gracias a su aptitud mediática y moderna- el atraer hacia la salsa a una nueva generación de jóvenes de clase media. Su tema La pantera mambo -ya un clásico salsero- le abrió las puertas de América, Estados Unidos, Europa, países árabes, India y Japón, adonde asiste invitada anualmente ha animar bailes y conciertos. Su trabajo empresarial, autogestión y mercadeo es admirable y ejemplar.






9. El Sexteto Tabalá, “génesis del son colombiano”, fundado en los años treinta del siglo XX  en San Basilio de Palenque, permaneciendo aún vigente y posibilitando la construcción de una historia de la salsa colombiana acorde con las nuevas lecturas e interpretaciones intermultidisciplinarias de las músicas del mundo. Su “hallazgo” por parte de Lucas Silva hace más de una década fue extraordinario, gracias a Ocorá Radio France – Harmoni Mundi de Francia que en 1998 publicaron aquel disco antológico. En este item vale evocar a Michi Sarmiento, un músico de esta área - costera e interiorana- colombiana, eslabón en ese legado, miembro de este linaje y precursor en la Cartagena de Indias de los sesenta de la salsa criolla. Aunque en realidad, Sarmiento por el sólo es paradigma así como su antecesor Roberto de la Barrera y todas aquellas agrupaciones del formato sonora -a imitación de la Sonora Matancera- que surgieron en los cincuenta en Barranquilla, Cartagena, Cali y Medellín, como las dirigidas por Lucho Bermúdez, Edmundo Arias y Pedro Laza y con algunas de las cuales grabaron cantantes como Daniel Santos y Bienvenido Granda.

10. Una nominación en este recorrido merece Héctor Martigñon, quién como Justo Almario pertenece más al capítulo del jazz latino, sin embargo su nombre "aparece ya registrado en el libro de la salsa que está por escribirse bajo una nueva observancia del fenómeno salsero. Martigñon es un destacado pianista bogotano que ha tocado para Ray Barreto, la Descarga Borícua, Conexión Latina e Irazú, agrupaciones del mundo que oscilan entre la salsa y el jazz latino . Se debe tener en cuenta, tanto su nombre como su trayectoria, como un nuevo hito.

Ahí quedan para la ilustración, el debate y el enriquecimiento estos hitos de la salsa colombiana, a los que podríamos agregar otros extramusicales -pero fundamentales para la cultura y su fenomenología- como los salsólogos nacionales con sus maravillosas contribuciones al enciclopedismo salsero, los coleccionistas de acetatos que han ayudado a preservar la memoria discográfica de la salsa, el estilo de baile caleño -con sus “campeones mundiales”- fundamental en el empoderamiento social de una ciudad económicamente alicaída, la misma Cali como “capital mundial de la salsa” siendo referente de industria cultural en la actualidad y hasta los mismos públicos de las distintas ciudades qué con su fervor han ayudado a preservar la salsa, como lo destacan estrellas salseras que encuentran en Colombia a un mercado estable para su promoción y actuaciones.




domingo, 27 de noviembre de 2011

TOTO, LA SONERA


Fernando España
Miembro Salsa Global
Bogotá, Colombia.
 Nada se crea,
nada se destruye,
todo se transforma.

Antoine Lavoisier

El día que se publique la historia de la salsa en Colombia, ese texto deberá incluir un capítulo sobre la cumbia, el porro, la gaita y los históricos sextetos soneros de la Región Caribe colombiana, área con una extensión de 132.288 km² que supera a Cuba en 11.428 km², topografía resultante en la que podría caber la isla de Puerto Rico con sus 9.104 km² y sobraría una porción de suelo.

En otras palabras, jugando con la imaginación, la Costa Atlántica podría ser el territorio de mayor dimensión de las Antillas, esa cuenca cultural alegrada por los ritmos en clave derivados del mestizaje africano, amerindio y europeo, donde el son, la danza y la rumba, en particular de gestación y procedencia cubanas, marcaron el destino del complejo musical denominado salsa inmiscuido por Michi Sarmiento y otros precursores de la "Salsa Made in Colombia" nativos de este ancho y largo terruño "rodeado" de aguas.

Chichimaní Colombia,
Ay chichimaní
colombitana... 

De está zona del planeta, cuya idiosincrasia, oxígeno e historia se comparte con alegría, optimismo, dolor y nostalgia, es natural Totó La Momposina, la cantaora que recibió el jueves 24 en Bogotá -la ciudad que la acogió en los sesenta siendo una joven- el Premio Nacional Vida y Obra otorgado por el Ministerio de Cultura de Colombia. Una mediterránea geografía de confluencia cultural desde los tiempos de la colonia, un cruce de rutas acuáticas y vientos cálidos, de donde son los sextetos con ancestro que desde los albores del siglo XX ejecutan sones influenciados por las agrupaciones orientales cubanas con epicentro en Santiago de Cuba, aldea incrustada en el centro de una región que era oriental para La Habana pero occidental para Cartagena de Indias, puerto marítimo en el litoral sudamericano de permanente intercambio comercial y cultural con los muelles caribeños de otrora eras.


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Cartagena de Indias (1533) fue hasta comienzos del siglo XX la puerta de ingreso y salida de la Colombia interiorana, en particular para los puertos fluviales sobre el rio Magdalena como Mompox y Magangüe, patria chica del padre de Totó, un zapatero que le enseño a su familia el arte manual con el que superviviría el clan una vez afincado en el bogotano barrio del Restrepo, asentamiento de salseros que convirtieron los lunes en día para lucir, desde el domingo, sus lustrados zapatínes a dos tonos para envidia de los demás tiradores de paso en Salsoul, la salsoteca de Alfonsito Martínez. Allí, era frecuente ver a los Bazanta Vides haciendo fila en la calle para ingresar y luego bailando en la pista animada por los acetatos pinchados por un adolescente Álvaro “Chocolate” Quintero bajo la escucha del locutor barranquillero Miguel Granados Arjona.

Allí en Salsoul se bailaba un son montuno cubano, de útil referencia para este transcurrir, cuyo estribillo canta así:

A Baracoa me voy,
aunque no halla carretera
aunque no halla carretera
a Baracoa me voy…

Un son tradicional con autoría añeja que después, más entradito uno en estudios, viajes y años, entendería a cabalidad por que el coro cantaba “aunque no halla carretera”. Era de verdad, no había carretera para ir a Baracoa, era un apunte de crónica más que gracioso rimar, pues el municipio más “dominicano” de Cuba tenía hasta bien avanzada la Revolución un intercambio más frecuente con las naciones que constituyen La Española qué con las demás ciudades de la Isla. La ausencia de una vía transitable por vehículos aislaban a la aldea aún más, ya que entre la bahía de frente a Haití y la campiña guajira se erigen las montañas de Baracoa, que distanciaba por tierra a la primera villa cubana fundada en 1511 por los españoles.

Baracoa está ubicada en aquel territorio que surcó la liberta dominicana Teodora Gines, que establecida en Santiago de Cuba escribiría alrededor de 1580 el primer son que se tiene noticia, El Son de la Ma´ Teodora, que algunos estudiosos se lo atribuyen a ella. La Gines era oriunda de Santiago de los Caballeros (1495) en República Dominicana, la cuna de Johnny Pacheco el fundador del sello Fania y de la orquesta Fania All Stars. Es decir, estamos de cara a un cuadrante sonoro en clave que se plantea como el ámbito donde surgió el son, cuya patria potestad ahora entraron a disputarla los dominicanos con historia, argumentos y nuevas lecturas e interpretaciones inter - multidisciplinarias.







A la larga es el mismo son, que al observar la partitura y escuchar su interpretación, se da razón a quienes manifiestan que es el encuentro de la contradanza europea y los acentos africanos en tierra americana, la misma estructura que tendría un desarrollo semejante en el Virreinato de la Nueva Granada y que despuntando el siglo XX sería importado en su versión moderna por los trabajadores cubanos al servicio del ingeniero santiaguero Francisco Javier Cisneros –quienes tendieron los rieles de los ferrocarriles nacionales- y de los ingenios azucareros en las sabanas de Bolívar, vasto territorio donde florecieron grupos soneros como el Habanero que inspiraría a músicos palenqueros a crear sextetos como el aún vigente Tabalá originado en los treinta, antecesores de Michi Sarmiento y otros precursores de la "Salsa Made in Colombia".

De aquel auge con acervo surgiría un tamborero con sangre africana como Paulino Salgado, conocido como Batata, integrante durante una larga temporada del grupo de tambores, cuerdas y vientos de Totó, la Bazanta Mayor, cantaora de Talaigua allí en la isla de Mompox, de donde tuvo que emigrar junto a su parentela hacia Barrancabermeja, para desde ahí volver a huir hacia la capital en busca de refugio a causa de las violencias bipartidista y social padecida por los colombianos, consecuencia del conflicto por la tierra desde tiempos coloniales cuando los españoles se apoderaban en nombre de Dios de las ajenas tierras indígenas. Una vez aquí, salsotecas como Salsoul servirían de entretenimiento recreativo a los Bazanta, famosos en su cuadra por los bailes cantaos, las parrandas con música de acordeón y los sones cubanos que ofrecían con la presencia de gente famosa y trovadores de la Costa, cuando aún Peter Gabriel no había hecho suyo el nombre Real World y Gabriel García Márquez se aproximaba al Premio Nobel de Literatura.

Lo demás, ya lo conocemos, qué Totó canta sones de su legado, qué Susana Baca es ministra de cultura del Perú y qué las dos, como Rita María, son prolongación de la Ma´ Teodora. Por todo esto, y aún más, el día que se publique la historia de la salsa en Colombia deberá incluir un capítulo sobre Totó, La Sonera. 







Moraleja: Es momento oportuno y pertinente para empezar a hablar con responsabilidad del son colombiano con el fin de aportar unas coordenadas antropológicas más al polémico dilema ¿quien fue primero, la gallina o el huevo?


TOTO, LA MOMPOSINA, ENTREVISTADA POR JUAN CARLOS ROQUE DE RADIO NEDERLAND

domingo, 20 de noviembre de 2011

LA REAL TUTAINA


Salsa Global
Redacción.
Bogotá, Colombia.

Adentrándose en la información posteada en el blog Nuestra Cosa Bogotana, que adelanta la construcción de la memoria del son, el jazz latino y la salsa en Bogotá, aparece la lista de reproducción de la Real Charanga, una de las agrupaciones del movimiento salsero de la capital colombiana, qué además de integrarlo es un colectivo musical de notable calidad -con un buen número de presentaciones anuales en salsotecas locales- pero sin la suerte “extranjera” de La 33, la banda que lidera lejos la escena de la urbe andina, consecuencia de su trabajo musical y estrategia promocional.

Pues, la Real Charanga en su reproductor muestra tres nuevos temas musicales que se anexan a sus obras publicadas en tres álbumes y de los cuales se han destacado El Inspector Charanga, Güagüanco a lo Bach, Jueves Inn, Faracateo, Candela y Relato en Cinco. Hasta aquí nada novedoso que en absoluto se sepa. Lo innovador de los cortes es que son villancicos, cantos navideños para una temporada que aunque corta es la más importante del año por todo lo que significa.

Y la Real Charanga, no se ha querido quedar por fuera de ella con el registro en audio y de la buena interpretación sobre excelentes arreglos de piezas que se vienen a sumar al buen número de muestras salseras que celebran la navidad, especialmente en Puerto Rico, país donde las fiestas decembrinas gozan de un valor social, y hasta político si se quiere, tan maravilloso musicalmente que supera los ámbitos espirituales y religiosos originales.

Pues, nuevamente, la Real Charanga se sale con la suya, anteriormente adaptando pasajes de la música clásica puestos en clave como cualquier charanga que se respete –cosa que seguirá produciendo-, ahora con Tutaina, Din Don Dan y Campanas de Belén -recomendado especialmente-, villancicos en salsa que vale la pena escucharlos, bailarlos, destacarlos y difundirlos.

A la Real como a La Mambo Big Band y La Conmoción, que está semana se presentó en Brasil, por su constancia, perseverancia y "berraquera", el mejor de los destinos, pero interiorizando que “una golondrina no hace verano”, refrán que también “le cae” a todas las demás orquestas bogotanas, exceptuando a La 33 y a Alquimia, que regresa con todo.

Y ojala que no sean sólo tres sino diez, un álbum completo. Cuenten con nuestro apoyo y que cada salsero bogotano los programe en sus novenas familiares que hay Real para rato y para todos los barrios.


Tutaina tuturuma
Tutaina tuturumaina
Tutaina tuturuma, turuma
Tutaina tuturumaina.

Los pastores de Belen
Vienen a adorar el niño;
La Virgen y San Jose
Los reciben con carinno.

Tutaina tuturuma
Tutaina tuturumaina
Tutaina tuturuma, turuma
Tutaina tuturumaina.

Tres reyes vienen tambien
Con incienso, mirra y oro,
A ofrecer a Dios su bien
Como el mas grande tesoro.

Tutaina tuturuma
Tutaina tuturumaina
Tutaina tuturuma, turuma
Tutaina tuturumaina.


ComScore


Por ahora, un abrazo y un feliz diciembre les desea Nuestra Cosa Bogotana.

¡Somos Salsa Global...!





domingo, 13 de noviembre de 2011

LA 33, MAS QUE UNA ORQUESTA


Salsa Global.
Editorial
Bogotá, Colombia.

Está es una producción
que no huele a jabón chiquito.

Pablo Martínez

Con el nuevo logro que La 33 ha obtenido, el galardón a Mejor Video InVitro Visual recibido durante los Premios Shock 2011 por el video clip La Reina del Swing, la exitosa agrupación bogotana confirma una vez más qué es una entidad qué está más allá del sólo hecho musical.

No sólo por su intenso mercadeo en internet -y promoción en Facebook- con el objeto de motivar a sus fanáticos a votar en favor de su nominación, sino por otras actividades que realiza, o acompaña, cómo muestran o visibilizan los vídeos que frecuentemente sube a la red, productos audiovisuales en distintos formatos que son visualizados, libreteados, rodados, grabados, editados, musicalizados y publicados por ellos mismos y amigos cercanos a su organización artística como Julian Velandia y Simona Sánchez, presentadora de TV, símbolo juvenil femenino de una generación MTV, City TV y Sub 30, comunidad audiovisual y multimediática a la que están ligados la gran mayoría de los miembros de la banda como los integrantes del "aguante" que sigue a la orquesta en Colombia y el mundo.

En You Tube, por ejemplo, una red que permanente surte el equipo destinado para tal fin, usted puede encontrarse con adelantos de sus próximos lanzamientos o eventos, clips de sus temas tocados en escenarios del mundo, entrevistas en programas de televisión a sus integrantes –no sólo a sus directivos o dueños como en otras “agrupaciones”- y varios documentales que narran su trayectoria así como cuentan sus giras por América, Asia y Europa, en donde sobresalen dos "vídeo comic" Ponlo a Sonar y La 33, celebrando 10 años, que permiten observar los otros terrenos que pisa La 33 como colectivo artístico que entiende el "modus operandi" de la actual industria "glocal" -local y mundial - del entretenimiento musical. 







Una labor de talento creativo, autogestión cooperativa e identidad corporativa que posibilita verlos integralmente como artistas, facilitando a la prensa y, en particular, a su público estar al tanto de su cotidianidad, producciones, presentaciones, tures y triunfos, documentos donde se comprueba porque han permanecido como grupo humano durante una década. ¡Cosa nada fácil! Aniversario que ha sido celebrado con las publicaciones de un documental -Breve historia de una idea sabrosa-, de uno de los "vídeo comic" mencionados y una fiesta organizada para el 2 de diciembre con la participación de la banda de rock Los Aterciopelados y la "fusión band" Systema Solar.

Un trabajo integral de inspiración, solidaridad y transpiración que es parte de un proceso, dinámica, visión, mística, emprendimiento, identificación, negociación y promoción que hace la diferencia, no solamente con las orquestas salseras conformadas por músicos colombianos de generaciones anteriores -críticos tercamente obstinados- sino con las otras agrupaciones del movimiento orquestal bogotano limitadas a postear "flayers" de fiestas y vídeos gastados en Facebook, Myspace y Revernation, mientras esperan que la emisora La Z incluya sus discos en su programación diaria.

La 33 sabe qué no basta con aparecer en estos medios, conoce y aplica qué, además de inteligencia, imaginación y gozadera para alcanzar en la actualidad el éxito, se debe realizar constantemente -viene de constancia, de perseverancia- novedosas producciones en distintos lenguajes mediáticos -así como innovación en la puesta en escena- para permanecer frescos ante una audiencia que exige actividad y rotación de sus ídolos y para superar el importante boletín de prensa, la despreciable payola -en absoluto en el caso de la banda retrosalsera- y hasta el mismo Mambo de la Pantera, su catapulta, qué bien pudo haberle significado sólo un comienzo-. 

La banda bogotana en cada logro confirma que es más qué un mero golpe de suerte. Cómo miembros qué somos en Salsa Global, nos unimos a sus 10 años de "gozadera total".






Enlace en Salsa Global: http://salsaglobal.ning.com/profile/Orquestaal33

domingo, 6 de noviembre de 2011

LOS FANTASMAS DE LA TEJA CORRIDA



Fernando España

Extráño verracamente
a La Teja Corrida,
aunque hoy sea uribista.

JolGuTir

Sepan aquellos qué no estén al corriente, qué en la Bogotá de los sesenta existía un tranquilo vecindario reposando sobre sus Cerros Orientales, qué gracias a la edificación de un complejo arquitectónico comenzó a poblarse de cafés, librerías, galerías, restaurantes, bares, "salsotecas" e integrados como La Teja Corrida, centro cultural bailable y salsero.

La Teja fue gestado cuando el sector empezó a gentrificarse, o mejor a aburguesarse, en particular la Carrera Quinta, vía que une al Parque Nacional con el Centro, a la sombra de las Residencias del Parque, ese proyecto habitacional promovido para los estratos medios por el desaparecido Banco Central Hipotecario pero que terminaría cooptado por otros nichos sociales, dada la belleza de sus tres moles de ladrillos escalonados desde las estribaciones de la Plaza de Toros La Santa María hasta el cielo azul empalmado al telón verde de las montañas andinas de la ciudad de Rogelio Salmona.

Por un momento, imaginémos a la Bogotá sin el rojizo naranja de las Torres ascendentes desde el Parque de la Independencia ….... que una vez construidas, durante la alcaldía de Virgilio Barco, transformarían el paisaje urbano de la urbe criolla en crecimiento y en áreas aledañas como La Macarena, colina donde abrirían sucursales el afamado Goce Pagano de la 24 y el no menos Quiebra Canto de la 17, hasta el día aquel del noviembre de 1994 cuando la Corte Constitucional sentenció la tutela en favor de los posicionados residentes del sector hastíados de los amaneceres de bullarangas callejeras por extranjeros a la localidad.

El desarrollo económico del sector conllevaría la dialéctica de su tragedia, la cosa se tornó incontrolable perdiendo temporalmente ese halo que la burguesía bohemia, los artistas esnobistas, la farándula nacional, la intelectualidad noctámbula y la izquierda de caviar le había proporcionado, tal como había acontecido en barrios como el Marais en París, el Soho en Nueva York, el Malasaña en Madrid, el Palermo en Buenos Aires o la Colonia Condesa en Ciudad de México. La Macarena se puso de moda, estaba in vivir en las faldas contiguas al Cerro de Monserrate, en especial en las Torres, conllevando a la valoración del suelo, al encarecimiento de las edificaciones, al aumento en las tarifas de los alquileres y la aparición de los primeros restaurantes en la Carrera Tercera potencializando la zona gastronómica asistida ahora sin vacilaciones metafísicas y preocupaciones económicas por la burguesía criolla.

En verdad, La Teja como espacio cultural había sido antecedido por la Casa Colombia, seguido por el Café de los Poetas y El Palomar, así como de galerías como la Garcés Velásquez, abierta en 1977 en la iglesia abandonada a su suerte por la curia parroquial. Gracias a Dios, La Macarena se transformaba a la sombra de las torres de Salmona en el barrio de los actores, pintores, escritores, catedráticos, intelectuales, periodistas, publicistas, famosos y zurdos, a la par de La Candelaria, aunque menos “mamerto” y en nada combatiente como el sureño Policarpa Salavarrieta, pero qué en absoluto -a diferencia del Greenwich Village en Nueva York- exigía certificación como artista profesional a quienes aspiraban residenciarse en él. Aquí bastaba colgar al hombro una mochila arhuaca, tallarse unos Levi´s desteñidos en el caso de los hombres o lucir una falda hindú en el femenino. Ah, y calzar zapatos de gamuza, importados Hush Puppies o adquiridos en el Mercado de las Pulgas.

Era el distrito de los corridos, de los corridos de la teja, de quienes se les había soltado un tornillo, de los locos, de los desadaptados, de los irreverentes, de los librepensadores, de los alternativos, de los guerrilleros del Chico, de los inconformes, de los contestatarios, de los rebeldes sin causa, de los rebeldes con causa, pero chic.

Aquí, como en la cafeterías del Centro que vendían tinto, también se cambiaba el país pero mojando la palabra con un café expreso servido al discreto encanto que habitaba en las librerías que avizoraron el quehacer de la actual Luvina, mientras se escuchaba la música clásica de la emisora HJCK, El Mundo en Bogotá, o un hilo de canciones que emanaban de un casete parsimonioso en el que rodaban guturales las voces de Edith Piaf, Charles Aznavour, Jacques Brel o Yves Montand. ¡París estaba cerca!

Junto a Las Torres, La Teja se convirtió en el sitio tradicional del barrio y de la Bogotá zurda, motivando la creación de discotecas de todos los pelambres qué finalizando los ochenta alterarían la aburguesada cotidianidad de la encopetada Macarena, tan distinta en su personalidad festiva al jolgorio de la naciente Zona Rosa de la 82 o de la Pepe Sierra, La Calera, Galerías y el Restrepo, los otros sectores de fiesta en la metrópoli.

En La Teja, qué en su constitución legal aparecía registrada como vinería, taberna y restaurante, siendo por extensión galería de arte y salsoteca de música en vivo, debutaron en su estrecha tarima el Grupo Niche y Guayacán Orquesta, alternando al Son del Pueblo. Según César Mora, actor del Teatro Libre y músico por entonces del Son, fue aquí donde empezó el movimiento salsero de la capital: “Allí tú te encontrabas con todo el mundo, con todo tipo de expresión de la ciudad: la vida política, la vida artística, la vida social, los ministros de Estado iban a tomarse allí sus tragos. Asistía gente del M-19 y hasta conservadores. Sucedía algo bien interesante, era el lugar donde todos se abrazaban sin importar su condición social. Se compartía el ron al son de una misma música: la salsa. Asistía Miguel Granados Arjona, “El Viejo Mike”, quien programaba ocasionalmente música en el sitio. Arribaban artistas internacionales informados que era el sitio donde estaba la rumba como aquel sábado que el Son del Pueblo había terminado su presentación a eso de las cuatro de la mañana, cuando de repente un tipo grande vestido como vaquero, con un chaleco marrón sobre la piel, un pantalón azul, unos tenis blancos y un sombrero de copa, empujó las cortinillas de madera que daban entrada al bar y, sin cantar, gritó:

-          La juma de ayer ya se me pasó, esta es otra juma que hoy traigo yo…

Era Henry Fiol en persona, quien después de su presentación en el Coliseo había llegado allí para seguir gozando. Entonces Jorge Ramos, uno de los socios, cerró las puertas del bar para permanecer allí todo el sábado, la noche del mismo día y el domingo entero. Salimos, quienes estábamos -los músicos del Son del Pueblo más Jairo Varela, Alexis Lozano y algunas de las integrantes de la Orquesta Yemayá- el lunes en la mañana”.

Al surgir a mediados de los ochenta la Zona Rosa en el Antiguo Country, así como al presentarse el descenso en la popularidad de la salsa neoyorquina, el ascenso del merengue dominicano y la consolidación de géneros electrónicos, y la irrupción de la balada salsa, negados en las programaciones de los establecimientos de la Quinta, la gente del norte comenzó a abandonar la rumba en las inmediaciones de las Torres coincidiendo con el arribo de una “chusma” salsera conflictiva que ya generaba problemas en los amaneceres, motivando a los vecinos a iniciar una campaña con carteles en las ventanas, manifestaciones callejeras y acciones de tutela ante jueces y tribunales para erradicar las discotecas, incluido el emblemático local de la rumba cultural administrado para entonces por Mirna, fémina de exuberante tumbao al bailar y curvilíneadas nalgas monarcas de la noche.

Fue entonces, cuando la Corte Constitucional, ente creado por la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, sentenció a favor del derecho a la tranquilidad e intimidad en la zona residencial, dando fin a una querella de tres años de duración, resultando paradójico que el espíritu de la Constitución Nacional, debatido también en espacios como La Teja, El Goce y El Quiebra, por un grupo de constituyentes, así como de sus asesores, fuera parte del cortejo fúnebre. Precisamente en esos escenarios donde se soñó en público el utópico Estado Social de Derecho inalcanzado por los colombianos del presente y que tiene en la tutela el principio de salvaguarda de sus derechos fundamentales adquiridos. En últimas, fueron víctimas de su propio invento, de la dialéctica de la realidad concreta, aunque en verdad La Teja estaba quebrada en razón de un manejo económico congraciado en contraer deudas “por andar fiando y creyendo en las cuentas de alcohólicos”.

Clausurada, nunca más volvió a verse ingresar por la estrecha puerta de la casa republicana a aquellas muchachas que Santiago Gamboa describió vestidas con faldas hindúes, adornadas con collares precolombinos, cubiertas con suéteres de lana y perdedoras durante una noche loca de su parecido con María, la virgen, después de bailar El Ratón con algún amigo experto en Kafka, Gurdjieff o en el cine de Bergman, cómo tampoco retornaron Raúl Gómez Jattín con su desbordada palabra, ni Jotamario, el poeta y publicista nadaísta, quién se quedo sin entrevistar a Jaime Bateman, el hombre más buscado por los organismo de inteligencia estatales, a quién de tanto verlo bailando frente al Son del Pueblo, creyó que en cualquier momento lo abordaría confiado en la inmortalidad de los guerreros. Ni a RH Moreno Durán, David Sánchez Juliao, María Mercedes Carranza y Jaime Garzón, todos fallecidos pero asistentes de aquel "musicantro transgresor", guarida lúdica de jóvenes burgueses como Guillermo Sáenz, hijo del elitista barrio Santa Bárbara, estudiante de antropología de la Universidad Nacional, pasajero en la Nacho del “Jardín de Freud” y sobresaliente bailarín de salsa, quién sin agotar su tesis se fugó a las montañas de Colombia a escudarse tras el alias de Alfonso Cano.

Algo en común tienen los fantasmas de La Teja con las almas del Roxy, qué no descansan en paz.



ADENDA 1:

Las palabras de César Mora son extracto de la tesis de grado 14 Sones, una Historia Oral de la Salsa en Bogotá, de Marcela Garzón Joya.

ADENDA 2:

El presente texto es capitulo del libro sobre La Salsa en Bogotá de Fernando España, próximo a publicarse.






domingo, 16 de octubre de 2011

CHUCHO, EDDIE Y TOÑO


FERNANDO ESPAÑA

El secreto
de la sabiduría,
del poder
y del conocimiento,
es la humildad.

Ernest Hemingway

Una noche de 1996, Antonio telefoneó a mi apartamento, más o menos a las diez, para solicitarme un piano.

-      ¿Te escuché bien?
-      Si, un piano.
-      ¿Yo? ¿Un piano?
-      ¡Sí, hombre!
-      ¿Acaso soy pianista?
-      No, pero como vives entre músicos, pues te llamo para solicitarte con urgencia que me consigas un piano.
-      ¿Para cuando?
-      ¡Para ya!
-     ¿Para ya?
-      ¡Sí!
-      ¿Y, en Bogotá, donde consigo un piano a ésta altura de la noche?
-    ¡Eh, Ave María, pues! exclamó con su acento de paisa. ¡Acaso los extraterrestres no existen! sentenció con un tono más universal. 

Antonio es Antonio Ibáñez, el singularísimo caballero de la noche, quien fuera uno de los periodistas de radio en el mundo que honraba el quehacer periodístico, la radiodifusión con contenido y el oficio ciudadano de informar formando, labor humanista que realizó durante más de cinco décadas en Colombia, España y Venezuela. Desde los setentas, decenio cuando Yamid Amat comenzó a transformar la producción radial en Colombia, creó Una Voz en el Camino, que posteriormente denominaría Habitantes de la Noche, un programa nocturno, de lunes a viernes, que iniciaba religiosamente a las doce en punto alcanzando las cuatro horas al aire. 

Fue una franja que colonizó inicialmente en Caracol Radio, luego en RCN Radio, Colmundo Radio, Cadena Melodía y finalmente en el Circuito Todelar. Gracias a su contenido fue galardonado con el Premio Simón Bolívar a mejor programa nacional de radio. Por sus micrófonos pasaron personajes como los científicos Rodolfo Llinas Riascos y Manuel Elkin Patarroyo, escritores como Álvaro Mutis y William Ospina, intelectuales como Manuel Zapata Olivella y Florence Thomas, poetas como Juan Manuel Roca y Raúl Gómez Jattin, músicos como Lucho Bermúdez y Francisco Zumaque, folcloristas como Toto La Momposina y Petrona Martínez, autores como Rafael Escalona y Jorge Veloza, estrellas como Shakira y Carlos Vives, directores de cine como Sergio Cabrera y de teatro como Santiago García, políticos como Luis Carlos Galán y Belisario Betancur, divas como Amparo Grisales y Fanny Mickey, o deportistas como Martín Emilio “Cochise” Rodríguez y Kid Pambelé , y cuantos más, nombrando solamente los criollos, quienes conversaban de lo divino y lo terrenal con Antonio y sus oyentes. 

-      Consíguelo, por favor, como sea.
-      ¿Dónde? ¿Con quién?
-      ¡Por favor, el piano es para hoy!
-      ¡Uff, Antonio...!

¿Qué hago? ¿Quién? ¿Dónde?  

Ese jueves había ensayado en Sonfonía, salsoteca donde Ibañez en absoluto fallaba semana alguna a echar un pie, la orquesta de Eddie Martínez, el músico que observada su hoja de vida es, todavía, la más importante de colombiano alguno en las escenas del jazz latino y la salsa mundiales.

¡Vaya,Eddie Martínez!

-      Maestro, discúlpeme que lo telefoneé a esta hora.
-      Españita, tranquilo, estoy aún despierto, estoy en mi estudio.
-      Maestro es para pedirle un favor.
-      ¡Oh!, mientras no sea dinero. (Sonrió el maestro)
-      Algo que espero no sea molestia para usted.
-      ¿Qué será?
-      Lo llamo para pedirle prestado el piano.
-      ¡Qué! ¿El piano? ¿Mi piano?
-      ¡Si, maestro!
-      Españita, como te digo… Y ¿esta ocurrencia? ¿A tí o para quién? y ¿para cuando?
-      ¡Para ya! (Tímido)
-      ¿Para ya?
-      ¿No será una broma, paisanito?
-     ¡No, no es un chiste y es para ya! ¡Mañana es tarde!
-      Bueno, y, ¿para que un piano a estas horas, así de repente, con esa emergencia?
-      Pues, que Antonio Ibáñez me solicito hace unos minutos que le consiguiera un piano para su programa esta noche
-      Oh, el mundo debe estar loco. Pues Españita, díle a Toñito que mañana en la mañana tengo agendada una reunión muy importante... ¿Y para que necesitará Ibáñez un piano a esta hora? ¿Te dijo para que?
-      Si maestro, es que su invitado esta noche es Chucho Valdés.
-      ¿Chucho Valdés? ¿El cubano?
-      Si.
-      Oh, Españita, me lo hubieras dicho antes, por favor. Espera, pospongo todo, y pasa en media hora por el piano, por favor.

Así sucedió. Fui hasta su hogar ubicado en el barrio La Soledad, alcé su piano y conmigo, Eddie, tomo camino hacia Todelar. Llegamos, nos registramos en recepción y subimos al segundo piso, donde nos aguardaba un Antonio, que al vernos, expresó una calidez humana más profunda que la que transmitía habitualmente. Se había conseguido el piano y además me presentaba con Eddie Martínez, quien ya había estado en una emisión anterior. Se saludaron, agradeciéndole por el préstamo, convidándolo a ingresar al estudio a esperar al músico cubano. Se dispusieron a platicar entonándose con sendas tazas de café.

Sobre las once y media, anunciaron desde la recepción que había arribado Chucho Valdés acompañado de otra persona. Antonio, entonces, se dirigió hacia el primer piso, mientras Martínez se transparentaba ubicándose en un costado del estudio, aún con el instrumento dentro del estuche a un brazo de distancia.

Minutos después, la mano derecha extendida de Antonio abrió la puerta, invitando a entrar a Valdés, quién ya en el interior de esa cabina de voces, se veía grandísimo, mucho más alto que los dos metros que superaban su estatura.

-      ¿Donde está Eddie? ¡Maestro, que honor, gusto en conocerlo! Me contó Antonio que estaba usted aquí. ¡Qué honor!

Martínez salió desde su metro con sesenta y pico para saludar a su colega.

-      Maestro, el honor es mío.
-      Asere, sé de tu obra en Nueva York, maestro

Entonces los pianistas se pusieron a charlar y nosotros a escucharlos fascinados por su entusiasmo mutuo. Hablaban de Ray Barreto, en especial del álbum The Other Road, el cual comentaba maravillado Valdés, de Irakere, de Gato Barbieri, de los festivales de jazz, bueno de lo que pueden intercambiar atropelladamente, dos caballos, en tan breve tiempo. Con Valdés venía César Pagano.

-      Me contó Antonio que facilitaste tu piano para esta entrevista, déjame agradecertelo.

Ya sobre las doce, Antonio, exhortó a Valdés a sentarse frente a los micrófonos para abrir la emisión.

Martínez después de sacar el teclado del estuche y colocarlo sobre el soporte, se dirigió hacia ese lugar donde fue saludado por Valdés cuando ingresaba al estudio, quién al percatarse que el colombiano se había retirado con sigilo hacia ese punto donde…

-      ¡Maestro, usted también está invitado, es mi invitado!

Fue cuando Martínez se adelantó hacia la mesa, alargando una partitura que contenía un danzón inspirado en Chucho Valdés, que esa noche a cuatro manos estrenaron.